Fotos: Redacción
El jefe Martín Brody de la policía de Amity estaba sentado junto a su escritorio y miraba el reloj en la pared. Llego a las doce, chirrió un instante y prosiguió su marcha. Una luz en el teléfono de su escritorio se encendió. Miró a través de su oficina a Polly Pendergast, que dominaba el conmutador.
Se suponía que debía detener los llamados a la hora del almuerzo, maldita sea.
Precisamente, leía por segunda vez, esta parte de la obra Tiburón II, de Hank Searls basada en el guión cinematográfico de Howartd Sackler y Dorothy Tristan, realizado con los personajes creados por Peter Benchley, cuando sonó en ese instante el teléfono de mi casa, llamándome Nelson y César, por encargo de mi gran amigo el cineasta y escritor Jimmy Sierra (el teórico), para comunicarme que por fin, el día del almuerzo en el palacio era el domingo al mediodía, con los amigos del barrio de Villa Juana y sus sectores aledaños, con la presencia, por supuesto del Presidente de la República Leonel Fernández, hijo meritorio del barrio de Villa Juana.
Me preparé el domingo junto a mi esposa Elena, que por cierto, ella recibió clase en el colegio Cristóbal Colón y hasta en la academia La Trinitaria, del profesor Bolívar. Muchos de los presentes, eran estudiantes o profesores de estos centros, al igual que de la Academia Sánchez Ramírez, del profesor Báez y hasta del Colegio Salesiano Corazón de Jesús, de la calle Mauricio Báez, donde también estudiamos y algunos pasamos a ser monaguillos de la iglesia.
Reunidos ya en el salón verde del Palacio Nacional, todos los presentes, amigos de infancia y de adolescencia, nos íbamos saludando con aprecio y cariño. Pensaba yo al instante, que la mayoría de los presentes jamás pensó, en su juventud, entrar nunca a esta mansión de mármol y lámparas exorbitantes, donde cuando éramos niños la ocupaba el dictador Trujillo y sus familiares para sus grandes fiestas, y ya más jóvenes, el presidente Balaguer y sus famosos amigos. Pensé de nuevo en silencio y murmuré – --¡caramba, faltan muchos más del barrio, para celebrar este encuentro, con un hijo del vecindario, que hoy es el que manda en este palacio!-- Al llegar el momento de entrar al salón más grande, el cual le llaman Las Cariátides, el más hermoso y reluciente, donde todo estaba preparado para la ocasión. El lugar estaba lleno de hermosas flores y manteles las mesas y alineadas, como debe ser un palacio presidencial.
Allí posamos todos alegres con el Presidente de la Republica, Leonel Fernández, para nuestras humildes cámaras y celulares, pues este evento era privado, sin prensa ni periodistas de radio ni televisión. Lo logramos al fin, entrar al palacio nacional a compartir con el vecino. Estaban presentes otros amigos de barrios aledaños, que siempre compartían amistad y estudios con los jóvenes de Villa Juana. Estaban damas y caballeros, que hoy son grandes profesionales, empresarios, intelectuales, profesores y hasta algunos que residen fuera del país. Como siempre faltaron muchos, sin embargo, estaban presentes en nuestros corazones.
La Teoría Vive!, Jimmy
Aun me suenan las campanas de la infancia, Melvin, Sonia (la hija de doña Fefa), Cesar, Nelson, Miguel, Chaguito y José de la Rosa (viejo amigo, hoy voy a contar), Pablo, Marilú, Antolin, Ignacio (el sastre de Leonel y mi pantalón azul), Héctor, Geraldo, Jerónimo, Rolando Amor (te atreviste a cantar en un concurso de televisión, “el Vicio”, de Marco Muñiz), cuando recorríamos nuestras humildes calles, después de la muerte del tirano Trujillo, luego los jóvenes más adultos, en la guerra patria de Abril, muchos observando a los viejos constitucionalistas en acción y hasta participando ellos mismos.
Recuerdo como ahora, cuando en la parte de arriba del local donde estaba el colmado “Nuevo Ventorro”, en la calle Francisco Villaespesa con 23, mejor conocido como “los bembas”, (perdón, Capin, pero yo sé que “pe ‘pero tenemos me… media capital”) cerca de donde residía David y Leonel, una bazuca destruyó gran parte del local y casi todas nuestras casas, muchas de madera y zinc, fueron perforadas con municiones de gran poder. En mi hogar, la nevera se convirtió en un guayo. Hoy, al levantar nuestras manos, de las copas de vino, recordamos la alegría de todos, cuando Chicho y no Arepa, sino el limpiabotas de la peña, que sirvió en la guerra de Abril, cuando le voceó a un turista en la calle Peña Batlle con 21: “-¡Viva Fidel c…y abajo el imperialismo”!-).
Donde había tanta alegría, y tan buen almuerzo, junto a Leonel y demás amigos del barrio, entre “filete de res en salsa rustica, soufflé de yuca y tremennzi al gill” también me asaltaba la nostalgia y la tristeza, por los ausentes que ya se marcharon primero a la vista del Señor. Otros están fuera del país, pero los mantuvimos al tanto por los celulares.
Recuerdo los años setenta, cuando muchos nos reuníamos a estudiar obras de tanta trascendencia y ya eso no volverá. A mi memoria acude entonces, el llamado de los profesores Jimmy, Adriano, Luis, Elpidio y otros, para que buscáramos los libros “El viejo y el Mar”, de Ernest Hemingway, “El Capital”, de Carlos Marx, “Los Principios de la Sociología”, del francés Augusto Comte, “Los hermanos Karamazov”, de Fiodor Dostoyeuski (de las novelas que más le gustó a Leonel), “Las Reglas del Método sociológico”, del francés Emile Durkheim, “La Reforma” de Eramos de Rotterdam,”Teoría General de la ocupación, el interés y el Dinero”, de Jhon Maynard Keynes, obras de Robespierre, de Víctor Hugo, de Shakespeare, “Cien años de Soledad”, de Gabriel García Márquez, (muchos lo leíamos hasta diez veces), cuya obra nos lo autografió el autor, a un grupo de mozalbetes, en un evento del Club Mauricio Báez, en el cumpleaños del Profesor Juan Bosch. También leíamos las obras Impaciencia del Corazón, de Stefan Zweig, “Composición Social Dominicana” de Juan Bosch, y muchas más.
Hermano José Caonabo Andino (tu mamá tan bondadosa. ¡Que problema en el colegio 27 de Febrero, con Cemento y Papi!), envejecemos pronto, junto a tu hermana Mercedita, Víctor, Marito, Fernando (nando), Julio, Mario Emilio Wynns (el hijo de doña Aida, que madre buena!), José, Melvin de los Santos (Chino, hermano de Fátima y Charito), Miguelina y la siempre bella mujer Gertrudis de la Rosa (todos quieren ver y tocar, “tus cartas amarillas y encontrar tan solo un ¡te quiero!”), al levantar y brindar nuestras copas de vino “los Vascos, cabernet Sauvignon, 2010, Chardonnay, 2011, y Beringer, White Zinfandel, 2010; recuerden como eran los años dorados, cuando nos juntábamos en una de la casa de cualquiera de los allí presentes, a escuchar las canciones de Marcos Antonio Muñiz, de Joan Manuel Serrat, de Silvio Rodríguez, Los Guaraguaos de Venezuela (Que vivan los Estudiantes), Los mil Violines, de Chucho Avellanet, el Éxito, de Lusito Rey, Raphael de España, (Sin Laura y Cuando tu no Está), Nino Bravo ( Libre), Richy Rey y Boby Cruz, Leo Dan, (y su Mary es mi amor), Armando Manzanero ( Voy Apagar la luz), Adamo (en Bandolera y la Noche), Charles Aznavour ( Buen Aniversario y la Bohemia), Camilo Sesto (¡Hay, si se calla el Cantor!), Leo Favio, Sandro y Piero (con su Viejo triste) y muchos cantantes más.
Demás está decir, que Jhonny Ventura, de la calle tunti y quien estuvo presente en el almuerzo, nos deleitaba con su ritmo y todos tomamos para sí, el merengue “El Tabaco es fuerte!”. Fidel y Melvin, no olvidaremos nunca a las tres M, Mary, Minerva y Maritza que residían en la Mauricio, justo frente al Club Mauricio Báez, ni a Yanet, Nancy, Chemi (de la 25), Angelita, Cristina (de la villaespesa), y de la tunti, ni hablar….
Adriano de la Cruz, “que vaya y que venga y que no se detenga”, (¿Cuantos libros Jimmy, Leonel y tu se han leídos?), Danilo, José, Panchito, Ramón, Juan Carmona (¡que bicicleta!, para ir al colegio Cristóbal Colon) y María Altagracia, “¡Oh! Juventud, divino tesoro”, al pasar mi mano derecha sobre una de las estatuas lívidas, de las paredes del Salón de Las Cariátides, mis ojos se agrietaron y me imaginé tocar una de las columnas centenarias y coloniales, de la antigua fabrica de clavos Enriquillo, siempre impregnadas de olor a café y chocolate cortés, y donde casi todos los presentes en el almuerzo, estampamos a escondida, nuestras huellas juveniles; unos, ideando revoluciones y teorías; otros, ideando promesas de amor…
El tiempo se llevó rápido, como el vuelo de una tierna mariposa amarilla, el violín marrón de Leonel y sus peces de colores; pero lo que no se puede olvidar, Melvin (el chino), Fátima y Charito, es la graduación de estudiantes de la Academia, cuando estábamos izando la bandera tricolor, y como una escena de un capitulo de una novela de amor, vi alegre y emocionada, a la hermosa estudiante Griselda, con su hermoso peinado y vestida como una reina, con sus ojos grandes, y como dijo el inmenso poeta Pablo Neruda, “en tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo”, cuando su Chamberlain de graduación, era el joven elegante profesor, y hoy tres veces, elegido democráticamente, presidente de la Republica Dominicana, Leonel Fernández. Hoy reside fuera del país, pero yo sé que ella, al igual que otras más, hoy daría su vida, por repetir esas instantáneas de su vida. Las fotos hablan.
La Teoría vive, Jimmy
Hermano Guaroa Guzmán, Leonel (el ingeniero), Leo (recuerda mi hermano, que todos pusimos un granito de arena en el Club Mauricio), Chiqui, Magalys, Luis, Clara y Claridania, Virelsa, Braulio, Francisco, Ernesto, Rafaelito Reyes, Rafael, Clarita (que fiesta en tus 15 años y recuerda que la “noche se envolvió en tu pelo y el mar se sintió celoso”) Casilda, Sirti, Emilia y Román, que lindo y alegre era el tiempo de ayer en el barrio, cuando íbamos a ver las grandes películas, como por ejemplo, “Lo que el viento se llevó” una de las grandes obras de David O. Seznik, o la West Side Story, y después ya profesionales películas como “El Titanic”, posiblemente la mejor de James Cameron y otras. Cuando leíamos e intercambiamos los muñequitos, como Mac Pacto, el Ratón Mickey y otros más; así como las potalitas de los peloteros. Recordamos también, la celebración en nuestro país, de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe del año 1974, cuanto gozamos y disfrutamos con todas las delegaciones deportivas que nos visitaron. A esos años felices, sólo nos faltó tener computadoras, celulares, Internet, Google, facebook, twiter, tarjetas de crédito, tarjeta electrónica, y otros avances tecnológicos, que gracias a Dios hoy disfrutan nuestros hijos.
Leonel, lector incansable, recuerda siempre que “el poder junto con la gloria, sigue siendo la aspiración más alta y la recompensa mas grande de la humanidad”, dijo Bertrand Russel, y vayan a ver en mi parecer, aquí dentro del salón de Las Cariátides del Palacio Nacional, el Jefe del Estado, estaba tan humilde y alegre con sus viejos amigos y vecinos, como si estuviéramos allá en el patio de su casa de la Francisco Villaespesa, del barrio de Villa Juana. Así nomás, como en el Colegio Alfred Nobel. Siempre el profesor fue y es tan cordial y ameno con todos nosotros. Lo recuerdo siempre, como ahora, llegando de su colegio, sudando, con su mochila en la espalda, con una amplia sonrisa. Luego, se nos desaparecía y viajaba mucho a New York, Estados Unidos, donde se sabe que residió largo tiempo. Ya más adulto, caminando por el barrio junto a nuestro amigo Jimmy, nuestro mentor y guía, creando tesis y teorías. Después con los años, el profesor de literatura, historia e ingles, pasó a ser abogado y catedrático de la Universidad Primada de América.
La Teoría Vive, Jimmy
Le recordé a Melvin de los Santos (el Chino, que tiempo tan dulce, era cruzar a tu casa a estudiar las clases y de paso ver modelar de un lado a otro de la vivienda, a tus bellas hermanas, Fátima y Charito y de paso ver cuando llegaba del colegio a su casa del frente, con su mochila al hombro, el jovencito que hoy dirige los Destinos Nacionales, Teórico, ¡quien nos lo iba a decir!), Marito, Clarita, Nando (tele-3), Joaquín, Salvador, Julito, Eduardo y Claudio, que para nosotros que estuvimos allá en el barrio, ya no habrá más ¡vamos al Blanquini!, ni más cafetería Marisol, tampoco no habrá paseo por Guibia, o bañarse en los aguaceros, ni ñapas de galletitas en la panadería Toñito, ni maroteo por la Universidad, ni por Villa Mella, ni vamos a pintar las casas de maderas en cada navidad y sus calles y contenes, ni tampoco ya no habrá mas emisiones parecidas de HIAW, radio Guarachita, ni proclama por radio Pueblo, y no habrá más radio Mil informando, ni Noti Tiempo y su Historia de la noticia, ni eventos de poesía coreada de -¡Yanqui, vuelve a tu Casa!!-, y ¡Hay un país en el Mundo!, en el club, ni primer festival intercolegial de la voz del Distrito Nacional, (recuerdo a la hermosa estudiante Anita, que representó al colegio Cristóbal Colon, que causo admiración y algarabía, con su canción “Voy Apagar la luz para Pensaren ti”, ella era muy amiga del jovencito estudiante Leonel), ni más Siete de días con el Pueblo, ni nadie más que nos diga: -no anden por el cementerio de la Gómez, porque “!la noche es bronca y el día peligroso!-”, como nos decía el poeta René del Risco y Bermúdez, entre ellos al poeta Radhamés, que residía casi justo al lado del cementerio, al igual que su vecino Diandino Peña, hoy gran constructor. Ya no más tendremos miedo al pasar cerca del taller de don Ismael, en la calle 23, donde arreglaban camionetas antiguas y hasta coche fúnebre, donde una tarde cualquiera, un señor de barbas blancas, hipnotizó a mi prima Margarita, la hija de doña Tatica. Que miedo sentimos.
La Teoría vive, hermano Jimmy, pues tal como dijo el Primer Mandatario de la Nación, Leonel Fernández Reyna, (Leonel, el hijo de doña Yolanda y primito de Davicito, de la Villaespesa), “no importa que un niño haya nacido en un barrio pobre de la capital, para llegar aquí al Palacio Nacional”, lo importante es que los jóvenes dominicanos, de cualquier rincón o municipio del país, se preparen con los estudios, con la ciencia y la lectura, que el futuro es de ellos. En este gran almuerzo en el salón de Las Cariátides del Palacio Nacional, ofrecidas por cortesía de Leonel, a sus amigos y vecinos, sin importar su forma de pensar, fue todo un éxito y acontecimiento histórico.
No fue en vano Jimmy, el sembrar ideas, pues en el Palacio Nacional, la teoría vive…
Santo Domingo
8 de Enero 2012












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